Siempre me han dicho que es difícil conseguir que me enfade. Suelo estar de buen humor, hay pocas cosas que consigan agobiarme, busco el lado positivo de los acontecimientos, y a veces tengo más paciencia que el Santo Jó. En ocasiones incluso me lo recriminan: que si debería tener "más carácter", que si no tengo sangre caliente... En fin, todavía recuerdo a Tati, Antonio y compañía chinchándome mientras grababamos uno de nuestros cutre-cortos, a ver si reaccionaba... y el caso es que lo consiguieron. Porque sí, ¡a veces también me enfado!
Pues el caso es que me alegro de ser tan jodidamente optimista. Ayer recibí un gran chasco, se cayó por tierra una ilusión que llevaba meses labrando, la ilusión de irme una temporada a otro país, un nueva aventura, un nuevo camino en el que aprender y disfrutar todo lo posible. Camino cerrado. De repente, en un minuto al garete, ¡zas! en toda la boca.
Y que quereis que os diga. Una mañana un poco de comecocos, cuatro palabras con Estela (solo con mirarla a los ojos ya consigo ser feliz), y a tirar "palante".
¡Con la de motivos que tenemos para disfrutar la vida! ¡Viva el optimismo!

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