Nos pasamos el día delante de un ordenador. Información, información, información... Parece que tenemos todo en la red, una red que ya es inabarcable. Cada día damos más valor a lo nuevo, a la innovación, pero a menudo sin el filtro que debería ser necesario entre un buen producto y un producto original.
Y esto me hace pensar en como despreciamos hoy en día todo lo que no sea nuevo. A menudo pienso de este modo, hasta que me encuentro con mi abuela.
Esta semana estuve cenando con ella, y en una charla me di cuenta de la cantidad de historia, personas y experiencias que sus años han acumulado. En una sociedad en la que vamos a toda pastilla, deberíamos pararnos un rato para mirar hacia atrás, deberíamos ser conscientes de que no hace tanto las cosas eran radicalmente diferentes. Hablar con ella me hizo valorar todo lo que representa, pensar en las dificultades que hace 50, 80 o 100 años tuvieron que pasar. Sólo así podemos valorar la sociedad que hoy tenemos y sólo así podemos patear hacia la papelera aquella retorcida frase de Jorge Manrique de que cualquier tiempo pasado fue mejor.
Que paradoja. Creo que sólo conociendo y apreciando el pasado podemos construir el futuro.

Escribe un comentario